Hay muletillas mediáticas que se repiten sin un verdadero trasfondo de reflexión. Algunas son construcciones que ni siquiera existen, pero que primero el periodismo impone y luego el público general termina aceptando como válidas. Por supuesto, no lo son. Tal es el caso de pseudo palabras como desfasaje o carenciado. Otras son cáscaras que tal o cual grupo vacía de significado y rellena con otro más conveniente para sus propósitos.
Tradicionalmente, los sectores de izquierdas han usado este método a su antojo, desfigurando nuestro idioma a la vez que nuestras instituciones, y convirtiendo a ambos en burdas caricaturas de sí mismos.
El Sr. Luis D'Elía -el Profesor D'Elía- en cada acto de apoyo o de repudio, reportaje callejero, contrapiquete, marcha de represión o escrache, insiste en que "odia a todos los oligarcas". Repasemos, profe:
Según el Diccionario de la Real Academia Española, se demonina oligarca a cada uno de los individuos que componen una oligarquía. Hasta aquí podemos estar de acuerdo con el "profesor". Y desde ya con todos los jóvenes argentinos que aprenden tan ricos e innovadores conceptos en las escuelas y universidades del país.
Pero las discrepancias comienzan precisamente al definir oligarquía. El "profesor" D'Elía, al igual que los jóvenes argentinos de nuestras instituciones educativas (y por extensión, el imaginario popular), la definen más o menos como "el conjunto de los ricos", entendiendo por tales a cualquiera con un comercio con dos sucursales y de ahí para arriba.
Sin embargo, de nuevo con el auxilio del Diccionario, vemos que se trata de un gobierno de pocos, y casi en seguida la forma de gobierno en la cual el poder supremo es ejercido por un reducido grupo de personas que pertenecen a una misma clase social, sin especificar de qué clase social se trata. ¿Podría ser la Clase Popular y Combativa? ¿La Clase Fernandista? ¿La Clase con Carencia de Clase? ¿La Clase K? Claro que sí. Todas y cualquiera de ellas.
Hoy por hoy, la oligarquía son ellos mismos: él, la señora presidente, el presidente de facto Néstor Kirchner, los señores Fernández, el señor Moreno, el señor Moyano, y sus muchos esbirros, ciegos y obedientes, ubicados en los más recónditos confines de la burocracia estatal. Un gobierno de pocos para el beneficio de pocos.
Próximamente, una explosiva carta abierta de un funcionario a otro. (Esperemos que desemboque en Juicio Político.) Mientras tanto, el deber patriótico nos llama a acompañar la vigilia hasta que se derogue la Resolución 125/2008 del Ministerio de la Miseria.
Los estaré vigilando.
